SEATTLE, WA. – Los Mariners se llevaron en casa las series ante Chicago Cubs y Philadelphia Phillies, los dos equipos que lideran el comodín de la Liga Nacional. En ambas, Seattle tomó ventaja de 2-0, pero no pudo completar la barrida. Así cerró su estadía en T-Mobile Park con un balance de cuatro victorias y dos derrotas y se mantiene al acecho en el Oeste de la Liga Americana.
Las dos series ganadas muestran que Seattle puede competir, pero también que el verdadero desafío ha sido sostener ese nivel. A lo largo de la temporada, los Mariners no han logrado carburar como conjunto: cuando la ofensiva se enciende, el pitcheo cae, y viceversa. Sin esa conexión, no han podido hilvanar una racha de victorias que los impulse hasta la cima del Oeste.
Para fortuna de los del Noroeste del Pacífico, la irregularidad también ha sido la constante en el Oeste de la Liga Americana. Ni los Houston Astros ni los Texas Rangers han conseguido despegarse, lo que le ha permitido a Seattle mantenerse a tan solo 2.5 juegos de ambos.
Las esperanzas siguen intactas. Si el equipo logra enchufarse, el Oeste está a su alcance.
El primer paso en esa dirección es el despertar de Cal Raleigh. Durante la serie ante Philadelphia conectó tres cuadrangulares en un mismo partido, convirtiéndose en el primer jugador de la franquicia en conseguir tal hazaña en T-Mobile Park. Al día siguiente, despachó otro en su primer turno oficial y completó una racha de cuatro turnos consecutivos con jonrón para encaminar una nueva victoria de Seattle.
El bajón de Raleigh se hace más evidente después de lo logrado en 2025, cuando conectó 60 cuadrangulares y quedó a las puertas de su primer MVP. Sin embargo, dado el presente de Seattle, poco importarán los números que arrastra si responde como lo hizo ante Philadelphia. Un último mes en su mejor versión le devolvería a Seattle un bate capaz de cambiar la historia de un partido, imponer respeto y complicar la estrategia rival.
Ese Raleigh, capaz de aportar cerca de 10 cuadrangulares en el tramo final, aliviaría la carga de quien ha sido el motor de su ofensiva en 2026: Randy Arozarena.
El jardinero guió a los suyos a llevarse la serie ante los Chicago Cubs con una noche soñada: abrió la ofensiva de Seattle con un cuadrangular en el primer lanzamiento que vio, conectó otro para dejar a los Cubs en el terreno y, a la defensiva, le robó un jonrón a Miguel Amaya.
Arozarena se convirtió así en el tercer jugador en la historia de las Grandes Ligas que en un mismo encuentro da un cuadrangular al primer lanzamiento y otro para dejar en el terreno al rival.
No existe un registro histórico completo de robos de cuadrangulares para confirmarlo, pero con la combinación de estas tres jugadas, Randy podría ser el único jugador en la historia con una noche como la del sábado.
Al día siguiente, Arozarena conectó su cuadrangular número 20 de la temporada y se convirtió en el quinto jugador en la historia de las Grandes Ligas con seis campañas consecutivas de al menos 20 jonrones y 20 bases robadas. Con ello, se unió a Barry Bonds, Bobby Bonds, Bobby Abreu y Willie Mays.
Raleigh y Arozarena son dos piezas ofensivas imprescindibles para que Seattle pueda pelear. A partir de allí, la responsabilidad recae sobre los brazos.
El cuerpo de lanzadores, aunque ha mostrado su calidad, no ha sido consistente. En un equipo armado de esta manera, es importante que todas las piezas estén engranadas y a punto. Hasta ahora, eso no ha ocurrido.
La rotación sufrió por momentos un exceso de brazos. Con hasta seis abridores, Seattle probó el llamado piggyback, una estrategia que emparejaba a Castillo y Miller para que uno relevara al otro. Finalmente, en la fecha límite de cambios, Seattle decidió traspasar a Luis Castillo. Su salida, sumada a las molestias de Bryan Woo, abrió la puerta para el debut del prospecto número uno de los Mariners y quinto de toda MLB según Pipeline: Kade Anderson.
El zurdo de 22 años llegó después de registrar una impresionante efectividad de 1.06 en las ligas menores, con 135 ponches y tan solo 13 boletos. En su debut ante los Cubs lanzó 5.2 entradas, permitió cinco hits y tres carreras limpias, otorgó dos boletos y ponchó a cinco.
El daño llegó con dos outs en el sexto episodio, cuando Alex Bregman y Michael Busch conectaron cuadrangulares consecutivos en los últimos dos lanzamientos de Anderson. Pese al desenlace, la actuación apunta a que el zurdo se mantendrá en los planes del club.
Tres días después, George Kirby lanzó una joya: 7.2 entradas, seis hits, una carrera, nueve ponches y un boleto. Fue despedido de pie en T-Mobile Park, con las gorras en alto para el derecho.
Con la recuperación de Bryan Woo, la rotación vuelve a ser de seis, un problema conocido para el que Seattle podrá utilizar lo aprendido durante su intento con el piggyback.
El regreso de J.P. Crawford le ofrece a Dan Wilson la flexibilidad de utilizarlo en tercera base o en el campocorto. Dominic Canzone, por su parte, se ganó a punta de batazos un lugar en el tope de la alineación y la oportunidad de permanecer en el juego ante lanzadores zurdos, cuando antes era una sustitución casi automática.
A partir de allí, queda jugar pelota, pelota pequeña: la del batazo como emergente de Leo Rivas, la del toque de sacrificio que genera caos, la que los llevó a ganar juegos apretados en 2025 y dejarlos a las puertas de la Serie Mundial.
Los Mariners viajarán a Toronto y Boston antes de cerrar la temporada regular con 19 de sus últimos 22 juegos contra rivales del Oeste, incluyendo cinco enfrentamientos directos ante Texas y Houston.
Seattle llega a septiembre con la oportunidad de hacer olvidar cinco meses de transitar incierto, y convertirlo en un campeonato divisional. El destino hoy está en sus manos.
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