SEATTLE, WA. – Seattle Sounders cayó derrotado 2-1 ante Austin FC, extendiendo a ocho su racha de derrotas consecutivas. Sin embargo, la crisis toma un nuevo matiz.
Lo mostrado por el equipo durante el segundo tiempo dejó una sensación distinta a la de sus últimas presentaciones. En medio de una crisis marcada por las lesiones y los resultados, el equipo de Brian Schmetzer encontró, al menos durante 45 minutos, alternativas.
Sebastián Gómez, de 20 años, fue titular por primera vez en MLS, mientras que Snyder Brunell y Stuart Hawkins, ambos de 19 años, ingresarían más tarde. Rafael Jauregui, de 21, también tendría la oportunidad de hacer su debut.
Brunell fue el primer escogido y su ingreso al inicio del segundo tiempo le cambió la cara al mediocampo de Seattle. Se mostró constantemente como opción en el círculo central, acompañó la salida de Jackson Ragen y sirvió de conexión con Albert Rusnák. También se atrevió a probar al arco en un par de ocasiones, incluyendo un disparo que obligó al portero Damian Las a intervenir.

Schmetzer destacó precisamente la influencia del joven.
“Tan pronto como entró Snyder, pudimos conseguir buenas cosas. Snyder tomaba el balón, se volteaba y ponía presión sobre ellos”.
Su aporte, sumado a la creciente movilidad de Paul Rothrock, permitió que Seattle comenzara a mostrar su mejor versión del encuentro. Los Sounders generaban ocasiones, encontraban espacios y disparaban constantemente en dirección a Las, quien comenzaba a convertirse en una de las figuras del partido.
Pero cuando Seattle atravesaba su mejor momento, Austin golpeó. Un descuido dentro del área permitió que Facundo Torres apareciera sin oposición cerca del punto penal y aprovechara un centro preciso de Žan Kolmanič para superar a Andrew Thomas y colocar el 1-0.
Las malas noticias no terminarían allí. Tres minutos más tarde, al 69, Jackson Ragen tuvo que abandonar el terreno de juego por lesión. Brian Schmetzer explicó posteriormente que se trató de una hiperextensión de rodilla. La lesión aumentó a nueve la lista de bajas de Seattle.
Sin embargo, Seattle no dejó de atacar. El equipo continuó generando fútbol y buscando el empate, aunque sin conseguir transformar su dominio en goles. Esa falta de contundencia terminaría costándole caro.
Al minuto 87, luego de una serie de despejes defectuosos de la defensa esmeralda, Guilherme Biro conectó de manera espectacular un balón centrado y lo envió al fondo de las redes para colocar el 2-0.
El gol convirtió el debut de Rafael Jauregui en una situación todavía más complicada. El joven esperaba en la lateral para ingresar al terreno de juego justo cuando Austin marcaba el segundo y parte de la afición comenzaba a abandonar el Lumen Field.
Hawkins reconoció después lo difícil que fue observar aquella imagen.
“Es duro verlo. Apreciamos a los que vienen, incluso en los momentos difíciles”.
Pero Seattle todavía tenía algo más que mostrar. Hawkins, quien había ingresado para sustituir al lesionado Ragen, consiguió su primer gol como profesional con un potente cabezazo tras un centro de Rusnák, quien completó una de sus mejores actuaciones de la temporada.

El 2-1 volvió a encender el partido. Seattle siguió mostrando hambre, ganas y pundonor. Andrew Thomas incluso se ofreció para subir al área rival en los dos últimos tiros de esquina. Con prácticamente todo el equipo atacando, Rothrock todavía encontró oxígeno para recorrer el campo completo y ayudar defensivamente para impedir el 1-3 de Austin.
El árbitro finalmente señaló el final y a Seattle no le alcanzó.
A pesar de la derrota, las sensaciones quedaron por encima del resultado. Durante el segundo tiempo se vio a un equipo distinto. Uno dispuesto a jugar de diferentes maneras, a leer lo que presentaba el rival y, sobre todo, a modificar su propuesta cuando el partido lo exigía.
Seattle mostró que el sistema puede flexibilizarse. Vimos a Osaze De Rosario compartir el frente de ataque con Danny Musovski. Vimos movilidad en el mediocampo, con jugadores apareciendo constantemente como opciones de pase. También vimos una intención mucho más agresiva de llevar el partido hacia el arco rival, con circulación rápida y compañeros ofreciéndose constantemente para darle continuidad al balón.
“Intentamos un diamante en el medio del campo en el primer tiempo que no fue bueno. Luego, cuando pusimos a Osaze, hicimos un 4-4-2. Estamos intentando cosas diferentes”, explicó Schmetzer.
Los números del segundo tiempo ayudan a explicar lo que ocurrió. Seattle pasó de cuatro disparos a 19 y logró voltear la posesión del balón de 36% a 56%. Más importante todavía, obligó a Austin a reaccionar y realizar modificaciones porque, en ese envión, el equipo visitante estaba siendo superado.
Cuando un equipo está buscando una salida a una crisis, esta puede llegar del lugar menos esperado. Hoy fue la rebeldía de los jóvenes, pero también la libertad que se vio dentro del campo.
“Este equipo no se rinde”, aseguró Schmetzer después del partido. Agregó que Seattle seguirá intentando nuevas formaciones y que más jóvenes recibirán oportunidades.
Esa búsqueda parece precisamente lo que necesita un equipo que, condicionado por las lesiones, ya no puede limitarse a esperar que regrese la normalidad. Esa libertad, aunque con orden, puede ser la manilla que abra la puerta hacia la victoria, la que permita que aparezcan nuevas asociaciones y le dé al equipo las herramientas para encontrar soluciones de acuerdo con los obstáculos que presente cada partido.
La derrota duele. Es otra derrota. Y aunque no hay que dejarla pasar, tampoco hay que ignorar lo que ocurrió durante este segundo tiempo. Seattle terminó el partido con la cara en alto, atacando, buscando soluciones y mostrando alternativas que no habían aparecido con suficiente frecuencia durante esta mala racha.
Si Seattle logra repetir estos 45 minutos —la movilidad, la agresividad, la flexibilidad y esa capacidad de generar—, la victoria está a la vuelta de la esquina.
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